16 Sep Universidad austriaca identificó un segundo normalista de Ayotzinapa: PGR

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• ¿Por qué el gobierno de Peña Nieto se esperó un año para decirnos que finalmente Jhosivani está muerto?, dice su familia

Peritos de la Universidad de Innsbruck, Austria, quienes aplicaron pruebas de ADN a los restos que la Procuraduría General de la República (PGR) presuntamente encontró en el bausero de Cocula, Guerrero y a familiares de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, identificaron a un segundo normalista, se trata de Jhosivani Guerrero de la Cruz, cuyo ADN encontrado en los restos coincide con el de su madre, informó la noche de este jueves 16 de septiembre la procuradora general, Arely Gómez, en conferencia de prensa,
Jhosivani es el segundo de los estudiantes identificado por los expertos de la universidad austriaca; anteriormente, el 4 de diciembre de 2014, el entonces procurador Jesús Murillo Karam había informado que el primer normalista cuyos restos de ADN coincidieron con los de familiares, fue Alexander Mora Venancio.
Aunque los peritajes independientes promovidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a través del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) dudan de que el basurero de Cocula haya sido el escenario donde fueron incinerados los estudiantes y han sugerido la posibilidad de que los restos hayan sido “sembrados”, en su presentación de este jueves la procuradora mantuvo esa versión: los restos fueron encontrados en Cocula.
“Es una convicción del Gobierno de la República y una exigencia social que exista la certeza plena sobre estos lamentables acontecimientos que lastiman y duelen a la sociedad mexicana. A lo largo de las investigaciones a cargo de la PGR la ciencia ha jugado un papel fundamental para determinar con exactitud los hechos que acontecieron aquella noche”, señaló Arely Gómez.
“Derivado del hallazgo de una bolsa con fragmentos óseos el 29 de octubre de 2014 peritos de esta institución así como del Equipo Argentino de Antropología Forense procedieron a su limpieza y a la selección de 17 muestras en mejores condiciones para su procesamiento”, y el 13 de noviembre de 2014 esos restos fueron entregados a la universidad de Austria para su análisis, recordó.
En principio, los expertos austriacos realizaron una prueba de ADN nuclear; luego otra de ADN mitocondrial, sin que consiguieran identificar algún perfil genético. Se optó por realizar un tercer análisis, de extracción de ADN mitocondrial por la técnica de Secuenciación Paralela Masiva.
Este tercer examen permitio identificar a Jhosivani Guerrero de la Cruz, luego de que el perfil genético de su madre coincidiera con el encontrado en unos de los restos.
“He comunicado estos resultados a los abogados que representan a los padres de familia y al Equipo Argentino de Antropología Forense, éstos últimos ya cuentan con el dictamen completo de análisis de ADN mitocondrial que nos remite la universidad austríaca”, señaló la procuradora.
También informó que ha “instruido que se integre un equipo de trabajo conformado por especialistas, médicos, antropólogos y genetistas a quienes en un ejercicio de apertura y transparencia podrán sumarse los coadyuvantes, el Equipo Argentino de Antropología Forense y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana para que uno a uno sean revisados y evaluados nuevamente o más de 63 mil fragmentos óseos que fueron recolectados del Río San Juan y del basurero de Cocula, con el objetivo de que científicamente se pueden hallar nuevos fragmentos viables para la identificación por cualquier método”, y en consecuencia se haría una nueva solicitud a la Universidad de Innsbruck para analizar más restos óseos.
Finalmente, la procuradora general señaló que: “la PGR no descansará hasta identificar y poner a disposición de la justicia a todos los involucrados y probables responsables”.



Jhosivani Guerrero tenía 20 años cuando desapareció. Su familia lo describe físicamente como “delgado y de cara respingada”. Por sus ojos rasgados, sus compañeros normalistas lo apodaron “coreano”. Es originario de Omeapa, una comunicada localizada a 15 minutos de la cabecera municipal de Tixtla; al día de hoy allí vive su familia, que se dedica al campo.
Los padres del joven han dicho que “para ir a la secundaria y a la preparatoria, Jhosivani tenía que caminar cuatro kilómetros hasta la carretera, para tomar el transporte, y luego caminaba esos mismos cuatro kilómetros de regreso”. Ingresó a la Normal de Ayotzinapa buscando una oportunidad para sobresalir. Aspiraba a tener una profesión y volver a su comunidad para dar clases “porque en Omeapa mandan maestros que no son de aquí, son de lejos, y son profesores que no le ponen suficiente interés a la niñez para que pueda tener un conocimiento más amplio, y si los niños quieren algo un poco mejor, tienen que ir a las escuelas de Tixtla”. Por eso es que Jhosivani quiso ser maestro, dijo su familia; publicó el sitio SinEmbargo.mx

Actualización
¿Por qué el gobierno de Peña Nieto se esperó un año para decirnos que finalmente Jhosivani está muerto?, pregunta su familia.
A diez días de que se cumpla el primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la familia de Jhosivani Guerrero de la Cruz expresó su indignación luego de que se enteró, a través de los medios de información, de que los restos enviados a Austria coinciden con los del joven, publica la revista Proceso.
“¿Por qué el gobierno de Peña Nieto se esperó un año para decirnos que finalmente Jhosivani está muerto?”, cuando apenas la semana pasada el grupo de expertos independientes de la CIDH informó que los muchachos no fueron asesinados en el basurero de Cocula, deplora.
Envuelta en un rebozo doña Josefina, prima del papá de Jhosivani, una mujer indígena de avanzada edad, apenas puede ocultar su dolor al recordar que el joven de 21 años aspiraba a convertirse en médico, pero por problemas económicos no pudo estudiar esa carrera y decidió ingresar a la Normal de Ayotzinapa a perder un año de estudios.
Entrevistada afuera del que era cuarto de Jhosivani, un galerón hecho de tablones que permanece cerrado desde hace un año, la mujer señala que en este pequeño poblado del municipio de Tixtla, de sólo 120 habitantes, Jhosivani se dedicaba en sus ratos libres a vender agua en una camioneta pick-up.
En este pequeño poblado el muchacho, agrega, hizo su primaria y secundaria para luego irse a Tixtla y cursar su educación media superior en el único plantel del Conalep en la localidad.
Jhosivani, comparte, diariamente viajaba sobre la carretera de Chilpancingo-Tlapa, ente Omeapa y la cabecera municipal.
De este mismo poblado provienen tres de los normalistas desaparecidos: Jhosivani, Everardo y Alem, quienes juntos decidieron irse a estudiar a Ayotzinapa.

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