05 Ago La Iglesia Católica abre la puerta a los divorciados y rechaza tajante los matrimonios homosexuales.

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De cara a la XIV Asamblea General Ordinaria sobre el tema La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo, que se realizará del 4 al 25 de octubre de 2015, el papa Francisco determinó hacer público el documento producto de los trabajos de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización, realizada en 2014.
De acuerdo al secretario general del Sínodo de la Familia, Lorenzo Baldisseri, se trata de “un texto de tono sereno, frente a las intervenciones alarmistas o catastrofistas de otros documentos eclesiásticos”.
En 80 páginas, 147 puntos, el documento presenta a una Iglesia Católica menos oscura y prohibitiva, con un tono mas mesurado al hablar del divorcio y la homosexualidad, entre otros temas relacionados con la familia.

Divorciados, puerta abierta
Un paso adelante, el gesto de abrir la puerta, encontró consenso entre los obispos al discutir el tema de los divorciados. A quienes se divorciaron pero no se han vuelto a casar, la recomendación es alentarlos “a encontrar en la Eucaristía el alimento que los sostenga en su estado”.
A los sacerdotes católicos se les pide atender a los divorciados “con solicitud…sobre todo cuando hay hijos o su situación de pobreza es grave”.
Las situaciones de los divorciados vueltos a casar también exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que los haga sentir discriminados y promoviendo su participación en la vida de la comunidad, se señala en el texto, considerando estas acciones una expresión de caridad.
En el sínodo también se debatió “la posibilidad de que los divorciados y vueltos a casar accediesen a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía”. y se llegó a la decisión de que “el eventual acceso a los sacramentos debería ir precedido de un camino penitencial bajo la responsabilidad del Obispo diocesano”. Pero con la aclaración de la necesidad de “profundizar” en el tema.

Homosexuales, portazo
En el caso de la homosexualidad, la Iglesia Católica reconoce la realidad de que “algunas familias viven la experiencia de tener en su seno personas con orientación homosexual. Pero los obispos fueron tajantes y citaron como respuesta sobre el tema consideraciones anteriores de la Congregación para la Doctrina de la Fe: “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”.
Sin embargo, los obispos acordaron que “los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza”.
El documento considera que “es del todo inaceptable que los Pastores de la Iglesia sufran presiones” cuando se trata el tema de la homosexualidad y de los matrimonios entre personas del mismos sexo”.
En el mismo sentido se expresaron los obispos de que los organismos internacionales condicionen las ayudas financieras a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo.

Preguntas
En el texto se concluye que ” las reflexiones propuestas, fruto del trabajo sinodal que tuvo lugar en un clima de gran libertad y en un estilo de escucha mutua, desean plantear cuestiones e indicar perspectivas que deberán ser maduradas y precisadas por la reflexión de las Iglesias locales durante el año que nos separa de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos prevista para octubre de 2015″.
Una de esas preguntas es: “¿Cómo la acción pastoral de la Iglesia reacciona ante la difusión del relativismo cultural en la sociedad secularizada y ante el consiguiente rechazo de parte de muchas personas del modelo de familia formado por un hombre y una mujer unidos en el vínculo matrimonial y abierto a la procreación?”.
Sobre el tema de los divorciados, el cuestionamiento de la Iglesia Católica es: “La pastoral sacramental dirigida a los divorciados vueltos a casar necesita una mayor profundización, que valore también la praxis ortodoxa y tenga presente ‘la distinción entre situación objetiva de pecado y circunstancias atenuantes’. ¿Cuáles son las perspectivas en las que moverse? ¿Qué pasos se pueden dar? ¿Qué sugerencias para eludir formas de impedimentos no debidas o no necesarias?”
Y en relación a las personas con tendencia homosexual, la pregunta es: “¿Cómo dirige la comunidad cristiana su atención pastoral a las familias en las que hay personas con tendencia homosexual? Evitando toda injusta discriminación, ¿de qué modo ofrecer el cuidado a las personas en estas situaciones a la luz del Evangelio? ¿Cómo proponerles las exigencias de la voluntad de Dios en su situación?”

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